Una hoja se deja caer en mi hombro; es suave y delicada, casi como una caricia que aquieta y conmueve. No sé por qué me visita, pero me resulta natural.
Sus marcadas venas delatan que viene de muy lejos; aún así la siento mía.
No es muy grande; cabe perfectamente en mi mano, para darle refugio cuando tenga frío.
Parece un tanto moribunda; creo que no le queda mucho tiempo de vida, pero mientras esté a mi lado renovaré sus días con mis alegrías.